"Los que vuelven a la casa de Javier", por María Rosa Lojo

(del prólogo de la Antología de Narradores de Morón, acerca del cuento Los que vuelven a la casa de Javier)

En “Los que vuelven a la casa de Javier”, de Walter Iannelli, un combate sordo y conmovedor se plantea entre la voz narradora y el envidiado Javier, ex compañero de Facultad que ha hecho fortuna. Javier, sin embargo, guarda “un esqueleto en el ropero”. Un hijo, discapacitado mental, prácticamente preso en una habitación oscura, y que contamina secretamente la mansión ostentosa: “Toda la casa me parece un tumor, un enorme grano purulento, construido y agrandado en la búsqueda del camuflaje, la dilución del otro grano que pica en el fondo del pasillo.” Ese niño grande y sufriente, que nunca crecerá, le da al narrador la medida de su propio lugar, lo compensa de sus sentimientos de pequeñez y de infortunio. Pero hay algo cruel o perverso --entiende finalmente--, en pensar el equilibrio secreto del mundo a partir de “la forma en que ese niño se condenaba a vivir entre las sombras, como un guerrero, la vida de la cara de los que son felices”. Desde estas reflexiones el narrador podrá tomar la decisión que clausura su duelo con Javier.